Atahualpa
Por:
Arturo Gómez Alarcón
Atahualpa fue hijo de Huayna Cápac
y Tocto Coca, que fue nieta del Inca Pachacútec, por lo tanto integrante de la poderosa panaca Hatun Ayllu.
Nació en el Cusco, pero desde niño residió en Tumibamba y Quito acompañando a su padre en las campañas del
norte. Siendo joven mostró valentía , inteligencia y carisma, por lo que se convirtió en uno de los hijos
predilectos del Sapan Inca; muy querido, además, por la nobleza norteña y los principales generales de la
región.
Cuando murieron Huayna Cápac
y su sucesor Ninan Coyuchi, en 1528, el Willac Umu, gran sacerdote del Sol, entregó la mascaypacha roja a
Huáscar, considerando que era hijo de coya o mujer principal. Atahualpa aceptó tal decisión y sólo le
pidió al nuevo Inca ser designado como Incap Rantin, es decir su representante en
Tumibamba.
Se sabe que había sectores de la nobleza muy descontentos por el nombramiento de Huáscar
considerando que no tenía méritos suficientes y temiendo sus planes reformistas que perjudicarían los
privilegios tradicionales de las panacas (ayllus reales). En 1529 el Inca descubrió la conspiración de su
hermano Cusi Atauchi a quien dio cruel muerte junto a muchos nobles acusados de secundarlo. Los orejones
ejecutados eran prestigiosos miembros de la saya Hanan Cusco, bando que se distanció del Inca y siguió
conspirando, promoviendo una rebelión que derrocara a Huáscar. Huáscar buscando afirmar su poder y eliminar a sus potenciales
rivales, exigió la presencia de todos sus hermanos paternos en el Cusco con el pretexto de la llegada de
la mallqui (momia) de Huayna Cápac a la capital imperial. Los orejones, mitimaes, curacas y generales de
Tumibamba y Quito aconsejaron a Atahualpa no asistir pues su vida corría peligro en el Cusco. Entonces
Atahualpa envío dos delegaciones justificando su ausencia y jurando obediencia al Inca, sin embargo éste
asesinó a unos y torturó a otros, acusándolos de ser parte de una rebelión que se preparaba en el norte
del imperio.
La nobleza incaica de Quito y
Tumibamba convenció a Atahualpa que la única salida era la guerra total contra Huáscar. Se preparó un gran
ejército dirigido por los yana- generales Quisquis, Calcuchímac y Rumiñahui, y se realizó una gran ceremonia
para colocarle una mascaypacha roja reconociéndolo como nuevo soberano del Tahuantinsuyo. La guerra estaba
declarada y traería funestas consecuencias para el Imperio de los Incas.
Después de algunas derrotas iniciales, los ejercitos atahualpistas comenzaron su
incontenible avance rumbo al Cusco, dirigidos por Quisquis y Calcuchímac. La batalla decisiva se
realizó en el paraje de Chontascaxas (Apurímac, Perú ) donde los quiteños lograron tomar prisionero al Sapan Inca. Las tropas vencedoras
entraron al Cusco y dieron cruel muerte a muchos familiares de Huáscar, principalmente a los miembros de
la panaca Cápac Ayllu (descendientes de Túpac Yupanqui) a la que pertenecía el Inca derrotado. Éste fue
torturado y obligado a presenciar los horrendos crímenes para luego ser llevado semidesnudo rumbo a
Cajamarca, para comparecer ante su medio hermano Atahualpa.
Atahualpa, desde sus aposentos en la llaqta de Cajamarca, celebraba
los contundentes triunfos de sus tropas en el sur. Considerándose invencible, aquellos días de noviembre de
1532, permitió que unos extranjeros barbudos, que llegaron por las costas de Tumbes, ingresaran a la sierra
norte y se entrevistaran con él: eran los españoles. En los Baños de Pultumarca, fue el primer encuentro entre
hispanos y el nuevo Inca. Hernando Pizarro convenció a Atahualpa para asistir a una comida y entrevista con su
hermano Francisco Pizarro, prometiendo devolver los bienes que habían tomado sin
autorización.
El 16 de noviembre de 1532 el Inca asistió a la plaza de Cajamarca
acompañado por un impresionante cortejo de 8 mil personas, pero sólo con 200 guerreros con porras y sogas para
matar a los barbudos que insolentemente se hacían pasar por enviados del dios Wiracocha y partidarios de
Huáscar. Al atardecer de aquel día, en la plaza, el sacerdote español Vicente Valverde le exigió al Inca su
conversión a la religión católica y sus sometimiento a la autoridad del Rey de España. Atahualpa rechazó aquel
"requerimiento" por lo que las fuerzas invasoras atacaron sorpresivamente con armas de fuego, caballos y
espadas. Ocurrió una horrenda masacre que ocasionó al menos 4000 muertos, en medio de la cual el Inca fue
secuestrado y llevado al Amaruhuasi, donde soportaría un cautiverio de ocho meses.
Al conocer la avidez de los
extranjeros por los metales preciosos, el Inca ofreció un fabuloso rescate de un cuarto lleno de oro y dos de
plata, por su vida y libertad. Muchas llaqtas(ciudades), templos y palacios del Tahuantinsuyo fueron
dilapidados para cumplir con el acuerdo; sin embargo los españoles se repartieron el botín y prepararon la
muerte del Inca. Las instigaciones de Diego de Almagro, el indio Felipillo y el cura Vicente Valverde
consiguieron la sentencia de muerte para el Inca. Los cargos contra él no consideraron los usos y costumbres
andinos; en realidad fueron pretextos para eliminarlo rápidamente.
Fue el 26 de julio de 1533,
en la Plaza de Cajamarca, cuando el Inca fue preparado para la hoguera. Antes de consumarse la condena,
Atahualpa aceptó bautizarse para que le cambien la pena y no convertirse en cenizas, pues esto le
imposibilitaba convertirse en mallqui, y significaba morir definitivamente. El frayle Valverde lo bautizó
en el acto con el nombre de Francisco, en honor a su padrino, el jefe de los invasores. Luego de la
ceremonia el Inca fue estrangulado y su cuerpo enterrado en la capilla de Cajamarca. Los españoles
reconocieron como nuevo soberano a un joven noble huascarista llamado Túpac Huallpa, para avanzar junto a
él rumbo a la capital del rico Tahuantinsuyo, el Cusco.
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