Los
imperios del futuro serán los imperios de la mente
Dr. Juan Enríquez. Científico mexicano, docente en Harvard. Texto
del discurso pronunciado en la Universidad de Harvard.
El 12 de octubre de 1492 el
mundo dio un vuelco. Ni las mismas personas que participaron del cambio se dieron cuenta de lo que habían hecho.
A partir de entonces se modificaron continentes y se comenzó a entender que no se llegó a Asia, que se llegó a
América y que era un continente distinto del que pensó Cristóbal Colón.
"Muchos países pensaron que podrían abrir sus fronteras y adaptar
nuevas tecnologías sin cambiar su economía. Fallaron y desaparecieron dando paso a nuevas naciones. Tres de
cada cuatro himnos, banderas y fronteras no existían hace cincuenta años. Esto pasó y sigue pasando en
África, Asia, Europa y Oceanía. Es decir a lo ancho y a lo largo del mundo, salvo hasta ahora en las
Américas. Parece que nos imaginamos inmunes, pero nadie lo es a la tecnología. Quienes controlan su inflación
y presupuesto pero no adoptan y generan nuevos conocimientos se pueden volver irrelevantes y
desaparecer.
Mientras hay un crecimiento sin precedentes en genética,
electrónica, computación y micromateriales, la mayor parte de Latinoamérica sigue al margen de estos cambios
y su población se vuelve cada día más pobre", así lo afirma el científico mexicano Juan
Enríquez.
Imagínense que estamos sentados en un café, en una ciudad europea
como Londres, París, o Madrid. Es 12 de octubre de 1492. Si así fuera, no nos daríamos cuenta de que el mundo
acaba de cambiar, y lo ha hecho de tal manera que afectaría la forma en que todos íbamos a vivir. Este hecho
determinaría lo que aprenderían nuestros hijos, cambiaría el mapa del mundo. Lo curioso de ese cambio es que,
inclusive, las muy pocas personas que participaron del cambio del 12 de octubre tampoco se habían dado cuenta
de lo que habían hecho.
Ahora, quisiera que reflexionaran y entendieran que el 12 de
febrero de 2001. También cambió el mundo; ya que apareció el mapa más importante que se ha hecho en la
historia reciente de la Humanidad. Es un mapa que lo van a memorizar -junto con la fecha- sus nietos,
bisnietos, tataranietos. Muchos de nosotros todavía no entendemos a qué continente
llegamos.
Tampoco entendemos que hay un nuevo mapa, pero que ya no
es plano. El mundo ya cambió. Me estoy refiriendo al mapa de la secuencia genética del ser humano. Ese mapa, a
partir del 12 de febrero del 2001, cualquiera de ustedes que tenga acceso a una computadora y a Internet, puede
entrar a www.science.aol y ver de qué estamos hechos.
Ese mapita cambia todo, porque antes de esa fecha no sabíamos. A
partir de entonces, estamos modificando las bahías de los continentes, estamos afinando las penínsulas,
estamos poniéndole nombre a muchas cosas, estamos empezando a entender que no llegamos a Asia, que llegamos a
América y que es un continente completamente distinto del que pensó que llegaba
Colón.
Pero el mundo es muy distinto y déjenme explicarles por qué. Si
ustedes toman cualquier aparato que usan a diario, un teléfono celular por ejemplo, funciona como un alfabeto
de dígitos, igual que los beepers, las calculadoras, los radios y los CD's. Si ustedes piensan lo que hace un
micrófono es simplemente transmitir una serie de códigos escrito en unos y ceros. Si presiono el botón de una
computadora y le cambio la pantalla de azul a verde, lo que estoy haciendo es tomar ese código, lo corto y lo
sustituyo por uno distinto.
Todo lo que hago cuando disco por teléfono celular, cuando uso la
computadora, cuando transmito una imagen digital es cambiar una línea de unos y ceros. No es muy complicado y
puedo resumir todo lo que hago en un CD. Puedo meter fotografías, voz, una canción, un documento y cualquiera
de esos instrumentos va estar diseñado en unos y ceros. Si cambio este código -cambio los unos y ceros que
hay dentro de un CD- cambio sus funciones, lo que hace. Puedo mandar un correo electrónico, puedo modificar
una tabla de cálculo, puedo cambiar la ecuación para fabricar una bomba.
De lo que
los quiero convencer es que una manzana, o una naranja o un plátano o una hoja, o una cabra, ahora son discos
digitales. Que lo que está dentro (la pulpa de la fruta) es sólo el paquete pero lo que está dentro de la
semilla es un código muy similar a un código digital, sólo que está escrito en las cuatro bases que forman el
ADN. Entonces cada código de la doble hélice de ADN, formado por cuatro bases adenina (A), timina (T), citocina
(C), y guanina (G), y que toda la vida, sea humana, de un ratoncito o de un árbol de plátanos, se codifica de la
misma manera.
Yo puedo tomar estos códigos y modificarlos. La compañía Dupont,
por ejemplo, ya tomó una mazorca de maíz, modificó su código genético de tal manera que cuando se lo cultiva,
en vez de producir algo comestible, produce una fibra que es un poliéster que se siente como seda. Ya estamos
cultivando poliéster en maíz.
También ya estamos cultivando vacunas contra el cólera en árboles
de plátano. Se está cultivando seda -que producía una araña- adentro de la leche de una cabra y todo eso se
realiza de la misma manera; es decir, modificando el código digital en la electrónica, modificando su código
genético. Y eso va a ser lo que va a empujar la economía mundial.
Pero déjenme ir para atrás y comentar cómo y por qué va a pasar
eso.
Ahora que tenemos el código genético completo de los seres humanos y de los
ratoncitos, si nos ponemos a pensar cuáles son las diferencias entre ellos, resulta que es relativamente mínima.
Resulta que Clinton tiene 30.000 genes -bueno al día de hoy 26.688 (+ -12.000, porque todavía no está muy claro el
mapa)- y que Bush también, porque la diferencia entre uno y otro, es 0.001 por ciento. Ello se debe a que de los
3.000 millones de letras que tienen adentro de cada célula, solamente codifica el tres por ciento. De allí que la
diferencia real entre un ser humano y otro, aunque parezcan tan distintos o aunque se dediquen a la política, es el
0.001 por ciento multiplicado por el 3 por ciento. Absolutamente mínima.
Lo sorprendente es que entre este espécimen (un ratón común) que
también tiene 30.000 genes y Bill Clinton, George Bush, o ustedes la diferencia es mínima. El 85 por ciento
de las letras que tiene un ratoncito en su código genético es idéntico a las suyas. La diferencia en número
de genes entre lo que tiene el ratón y lo que tenemos nosotros son 300 genes, sobre un total de 26.688. Por
eso, a veces, de vez en cuando, la gente se parece a sus animales.
Si no somos tan distintos nosotros de los perros y los gatos y de los políticos, la
pregunta es por qué -o cómo- nos volvemos la civilización dominante. ¿Por qué estamos en este cuarto jugando con
una máquina en vez de estar en un árbol comiendo bananas?
Los imperios del futuro serán los imperios de la mente
(2)
¿Dónde está la diferencia? La diferencia es nuestra habilidad
para usar y transmitir conocimientos. El hombre de Neandertal se vuelve una especie en extinción en el
momento en que el Homo Sapiens empieza a dibujar sobre paredes de las cuevas, iniciando así la transmisión de
conocimientos en un alfabeto no abstracto, muy difícil de estandarizar, no portátil, que difería de tribu a
tribu y de clan a clan, pero que transmitía suficiente información para poder decirles a sus hijos, a sus
nietos: "Esta es una de las maneras de ver el mundo" y era una manera eficaz de transmitir
conocimientos.
Pasaron unos miles de años y los chinos y los japoneses dominan
el mundo durante un par de miles de años. De las catorce dinastías chinas, doce de ellas duraron más que toda
la historia de Estados Unidos como país independiente.
Esta fue la civilización dominante del mundo. Pero tenía un alfabeto muy complejo:
una máquina de escribir en China tenía un mínimo de 10.000 caracteres distintos y era casi del tamaño de una mesa;
por lo que se tornaba difícil de entender, de aprender, de memorizar y de transmitir. Sin embargo, fue suficiente
para que esta civilización sea la primera en tener servicio civil, compás, pólvora, papel, libros y domine el mundo
durante 2.000 años.
Los griegos, los árabes y los europeos, siendo un poquito menos imaginativos y
listos, inventan un alfabeto más sencillo de 22 letras (o dependiendo de los humores de la Real Academia Española
de 28 o 29 letras). Un alfabeto suficiente para transmitir todos los conocimientos chinos, mucho más rápido y con
mayor certeza y portabilidad. Surge la Biblia de Gutenberg, surgen todos los libros y este es el libro de la
civilización dominante del planeta. ¿Por qué los europeos? Porque pueden usar y transmitir conocimientos de una
manera más eficaz que cualquier otra civilización de ese momento y sobrepasan a los
chinos.
En la actualidad, la civilización dominante del planeta habla un
idioma muy sencillo basado en dos letras: el alfabeto digital. Los países que hablan el alfabeto digital son
los países ricos. Los países que no hablan el alfabeto digital, que no codifican, que no venden computadoras,
teléfonos digitales, programas de entretenimiento digital, fotografía digital, son los países que cada día se
vuelven más pobres. ¿Por qué? Porque en términos netos son analfabetos en el idioma que domina la economía
del planeta.
Este alfabeto es tan
suficientemente eficaz que yo puedo hacer con él cosas que no puedo hacer con mi voz. Si yo les canto, ustedes
van a llegar a sus casas y le van a decir a los suyos "Este cuate cantaba así", y van a hacer una imitación que
no será lo mismo. Pero si ustedes lo graban con unos y ceros pueden transmitir exactamente cómo canté y pueden
transmitir unos conocimientos que no podrían hacerlo con un alfabeto más complicado de 26 letras.
El nuevo alfabeto se ha vuelto tan eficaz que permite transmitir la biblioteca más
grande del mundo, la del Congreso de los Estados Unidos, a través de un único cable de fibra óptica en sólo 1.6
segundos. El volumen, la cantidad y la eficacia de transmisión de los datos es lo que está manejando la economía
mundial. Ese fue el 19.1 por ciento del crecimiento económico de Estados Unidos el año
pasado.
El alfabeto genético
Ahora viene un nuevo alfabeto, el genético, que será el dominante
del mundo.
Y los pueblos y las civilizaciones que lo entiendan y lo hablen; es decir, cuyos
niños entiendan ciencia y hablen este idioma van a ser los países dominantes del mundo. No me queda claro cuáles
van a ser esas civilizaciones, pero tengo claro que una de ellas no va a ser Europa.
¿Qué es lo que le ha pasado a la Argentina? En 1900 era uno de
los países más ricos. Para 1960 pese a una serie de gobernantes de cuestionable habilidad, seguía siéndolo.
¿Por qué? Porque en ese momento la tercera parte de la economía mundial era agricultura, la tercera parte era
industria y el resto, eran servicios. Y por servicios, entiendan conocimientos: no son mozos, ni la gente que
hace hamburguesas. Son personas que sacan patentes, los consultores, los que hacen seguros, los que hacen
leyes, investigación tecnológica, los que hacen CD's y programas de computación.
Avancemos desde 1960 a 1998. El 4% de la economía mundial es
agricultura, y no porque la agricultura en términos de volumen o en términos numéricos sea menor; sino porque
la economía mundial creció a tal nivel en otros aspectos que la agricultura parece, comparativamente, mucho
menor. La industria sigue en el mismo nivel, una tercera parte de la economía mundial, y los servicios ahora
son dos terceras partes del crecimiento mundial. Los servicios se manejan en un idioma, el
digital.
Esto quiere decir que un joven que no se graduó en la Universidad
de Harvard, que sale un año antes de lograr su diploma de licenciatura, puede acumular una cuenta bancaria
que es el equivalente a todo lo que producen los habitantes de Israel en un año, o Malasia, o Singapur o
Venezuela. Y que si ese señor se levanta de mal humor un día y cambia sus cuentas de bancos y de seguros,
mueve la economía de un país. Eso significa que su compañía, el día que decida moverse de lugar, mueve la
economía del tamaño de Canadá.
Esa es la diferencia, lo muy distintivo entre la vieja y la nueva
economía.
En una Economía del Conocimiento, donde se puede generar mucha riqueza a corto plazo,
y esa riqueza depende del conocimiento digital, la economía de un país puede desaparecer en una
semana.
Esto tiene serias implicancias para los países que no entienden
por qué tienen que darle educación a sus ciudadanos, por qué hay que darles seguridad y por qué hay que
respetar los derechos humanos. Es por esas razones por las que del 100 por ciento de jóvenes que China manda
a estudiar a Estados Unidos, sólo regresa el 15 por ciento.
Mientras tanto, aquellos que siguen produciendo oro, petróleo,
uranio, trigo o ganado, se vuelven cada día más pobres. Porque en términos de índices económicos, un
commodity, un bien básico, una materia prima, vale hoy el 20 por ciento de lo que valía en 1845. Y aquellos
pueblos que siguen tratando de competir vendiendo materias primas sin conocimientos, son cada día más pobres.
Por eso los pueblos más ricos del mundo no son los petroleros, a menos que uno considere como grandes
potencias a la ex URSS, Nigeria, Sudáfrica, Arabia Saudita, Irak, Irán, o México.
Los imperios del futuro serán los imperios de la mente
(3)
¿Qué es lo que está pasando en América Latina? En 1985, México,
Brasil, Argentina y Corea generaban más o menos el mismo número de patentes anuales que Estados Unidos. ¿Por
qué nos deben importar el número de patentes que se generan en EE.UU. por año? Porque si esta es una Economía
del Conocimiento y uno no genera conocimientos, no los protege ni los vende, uno no tiene de qué
vivir.
La buena noticia es que de 1985 a 1998, el número de patentes
generado en México, Brasil y Argentina se duplicó. Ya estamos generando cerca de 100 patentes en cada uno de
nuestros países.
La mala noticia es que, en el mismo período, Corea aumentó de 50
patentes anuales a 3.400. Que sólo la compañía coreana Samsung es el cuarto productor de patentes totales en
EE.UU. En Corea ahora se necesitan 13.000 coreanos para lograr una patente en EE.UU., pero se necesitan
760.000 argentinos, 1.200.000 mexicanos y 1.800.000 brasileños.
Si ustedes me creen que este mundo está transitando de una
economía de bienes básicos a una Economía del Conocimiento, y ésta es la tendencia y éstos son los recursos
necesarios para patentar algo. Adivinen qué país va a ser más rico a corto plazo y qué países van a ser cada
día más pobres.
¿Qué es lo que está pasando en México? México ya tiene un Tratado de Libre Comercio, ya que
abrió sus fronteras con EE.UU., y aumentó sus exportaciones. Además hizo una serie de cosas como los mismos
ajustes que están discutiendo en la Argentina -llevamos 24 años de hacer ajustes- pero tenemos un pequeñísimo
problema: a la hora de sentarnos a ver quiénes ocupan los primeros 15 lugares de patentes en México, nos
damos cuenta de que son Procter & Gamble, 3M, Basf, Kimberley Clarke, Bayer, Pfizer, Novartis, Hoesch,
Johnson & Johnson, AT&T, Samsung, Ely Lilly, Loreal, Motorola y Good Year. Todas mexicanas,
¿verdad?
Si esos son los que generan patentes y venden conocimiento,
¿adivinen qué les pasa a los ingresos de los mexicanos aunque tengan baja inflación? Y eso ocurre aunque se
hagan ajustes financieros, aunque sigan los programas del FMI.
La segunda consecuencia que tiene una economía es que no
solamente se puede mover la riqueza física, las cuentas bancarias, sino que también se puede mover la riqueza
intelectual. Para una persona que habla el lenguaje genético o el lenguaje intelectual, la opción de quedarse
en un laboratorio en un país que no apoya la creación de nueva riqueza, que no apoya laboratorios, que no es
competitiva, que no tiene compañeros con quiénes hablar, no es la mejor. Muchas veces Microsoft llega a las
mejores universidades y va a decir: "Quiero llevarme a los diez mejores alumnos a trabajar conmigo". Para
darles un ejemplo, en el Instituto Tecnológico de Monterrey -que es una de las más grandes escuelas de
México- a los 30 mejores alumnos se los lleva Microsoft una semana con boleto y todo pago al estado de
Washington; los entrevista durante cuatro días y les da tres días de vacaciones, con las mejores comidas,
barcos, etc., etc. y acaba contratando a los mejores muchachos. Lo mismo pasa en India, en China: contratan a
los mejores y los concentran. Esta economía es portátil. El país que encuentra a los mejores ciudadanos de
otro país, se los lleva. Son más valiosas esas mentes que llevarse una mina.
Más valiosas que quedarse con el petróleo de un país. Esto es lo que cuenta, y los
países que no le pongan atención a sus recursos humanos, a su educación, a su gente que puede generar patentes,
ideas, empresas, acaban quebrando.
Veámoslo en términos prácticos: En 1999 IBM generó 2.685 patentes en EE.UU., y 167
países del mundo juntos, generaron menos, apenas 2.500 patentes. Eso quiere decir que una sola compañía puede
generar más conocimiento y vender más patentes que 167 países del mundo.
El código de la vida
Ahora vamos por un nuevo idioma. A partir de 1950 dos científicos
-Watson y Crick- descifran la manera cómo se codifica y transmite el código de la vida. Ese, creo yo, fue el
descubrimiento más importante el siglo, junto con lo que encontró Einstein.
¿Qué es lo que pasó? Que el costo de codificar un gen bajó de 150
millones de dólares por gen a 50 dólares por gen. Cuando uno ve una curva de costos que opera de esta manera,
se genera una cantidad de información absolutamente brutal. Hay países, compañías, lugares, que entienden
este idioma, que están acumulando patentes en estos idiomas; y también hay países que todavía no entienden
que ya se descubrió América. Los países que sí lo entendieron y que llevaron mejor tecnología acabaron
dominando a los países que pensaban que se había descubierto algo que no se llamaba América. Por eso es tan
importante entender y hablar estos idiomas.
La persona que descifró el genoma humano -mitad científico loco,
mitad empresario- se sentó hace tres años y medio y dijo que se le hacía muy lenta esta investigación
genética, y se planteó hacer la secuencia completa del genoma humano, gesto equivalente a que -en 1960-
alguien hubiera entrado a la Nasa y le hubiera dicho que iba a lanzar un cohete a la Luna sin financiamiento
del Gobierno, que lo iba a hacer solito.
Cuando lo dijo, hace tres años y medio, todo el mundo se rió y
retrucaron que "Nosotros, los Gobiernos del mundo de 16 países, 89 laboratorios, estamos gastando 3.000
millones de dólares y vamos a acabar esto antes del 2005". Y este señor dijo "Yo voy a gastar la décima parte
y lo voy a hacer en dos años". Y cumplió. El 12 de febrero de 2001 lo hizo.
Este hombre, que hace tres años no tenía ninguna compañía, ahora tiene la computadora
privada más grande del mundo, tiene el equivalente a seis bibliotecas del Congreso de EE.UU. en información
genética en su sótano, acaba de terminar el mapa genético completo de un ratón. De las 12 enfermedades
principales que primero se publicaron, él fue responsable por la publicación de ocho. Es un hombre que en
tres años generó una industria que se llama la genómica y que ha dado lugar a una serie de compañías que
ahora tienen un valor de mercado similar a lo que produce Argentina en un año. Su laboratorio para estudiar,
generar y hacer el mapa genético humano trabajaba con 47 personas.
Todo esto ocurre a una velocidad inmensa, al 50 por ciento más
rápido de lo que sucedió la Revolución Digital, y es una revolución que va a cambiar la manera de cómo vemos
y entendemos la vida en este planeta.
Está cambiando no sólo en términos de la genética, sino en los términos de casi
cualquier industria que ustedes quieran ver y, sólo como ejemplo les digo que el principal programa que tiene hoy
en día IBM para nuevas computadoras no es para Internet sino para la genética y se llama "Blue
Jean".
Los imperios del futuro serán los imperios de la
mente
El principal programa que tiene Hewlett Packard (y está en la
publicidad en las calles) tiene la doble hélice del ADN. Si hablan con una farmacéutica les dirá que es la
genética lo que está empujando la medicina; si lo hacen con una química como Dupont, les dirá que es la
genética lo que está empujando toda su industria. Por eso Pioneer se vuelve parte de Dupont, y por eso las
grandes compañías de semillas del mundo fueron compradas por farmacéuticas o por químicas, porque una semilla
se vuelve un disco digital; y entonces uno puede reprogramar la vida dentro de una manzana o de una naranja,
y eso es lo que será la economía mundial.
El año pasado, por primera vez en EE.UU. el número de patentes
biológicas y de biotecnología excedió el número de patentes de computadoras y telecomunicaciones.
Mientras tanto, nosotros en América latina, en México por ejemplo, seguimos
exportando cada vez más y tenemos un salario mínimo que es el 27 por ciento de lo que ganábamos en 1976. Esto
sucede país tras país, tras país. Entra un ministro de finanzas, sale un ministro de finanzas, entra un presidente,
sale otro presidente y el país es cada vez más pobre. No porque el que esté entrando sea más tonto sino porque la
agenda de desarrollo económico es equivocada, porque seguimos discutiendo si vamos a hacer una fábrica, una represa
o un puerto. Nada de eso importa hoy. Lo que importa hoy son las mentes, la educación, la ciencia. Importa que esas
mentes puedan proteger y vender conocimiento al resto del mundo.
Los países que entendieron eso como Singapur son los países que
van a dominar el planeta; y les recuerdo que en 1965 el primer Ministro de ese país -que era bastante más
pobre que Argentina- se reunió con el primer Ministro de su vecino, Malasia, y le pidió que absorbiera su
país, su bandera y su Constitución porque no era viable como nación. Les recuerdo que hoy Singapur tiene un
ingreso per cápita similar al de EE.UU.
También en México privatizamos: de 1.155 empresas que teníamos, nos quedamos con 206 y por
la venta de unas 900 obtuvimos 24.000 millones de dólares.
Pero se nos olvidó que una vez que se privatiza también hay que regular y hay que
cuidar que la gente se porte bien, aún en el sector privado. No regulamos a los bancos y tuvimos una pequeña crisis
bancaria que nos costó 105.000 millones de dólares, el 18 por ciento del PBI. Otra razón por la que México no tiene
ahora un ingreso per cápita similar al de Corea, otra razón por la que México -después de 24 años de
re-estructuraciones y 4 ministros de Finanzas que han sido luego presidentes- tiene una deuda externa que cada vez
crece más con relación a su producto nacional bruto; otro motivo por el cual en Argentina, Uruguay, Brasil y México
el PBI per cápita no aumentó entre 1980 y 1994, mientras que sí lo hizo en Mozambique y
Paquistán.
Cierro mi exposición diciéndoles lo que afirmaba Einstein en los
años 40, que "todos los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento, y que solamente son los
pueblos que entienden cómo generar conocimientos y cómo protegerlos, cómo buscar a los jóvenes que tengan la
capacidad para hacerlo y asegurarse que se queden en el país, serán los países
exitosos.
Los otros países se quedarán con litorales hermosos, con
iglesias, minas, con una historia fantástica, pero probablemente no se queden ni con las mismas banderas ni
con las mismas fronteras, ni mucho menos con un éxito económico".
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